Las instalaciones fotovoltaicas pueden realizarse buscando tres objetivos, generar electricidad de manera independiente, ahorrar energía o vender la electricidad producida.

Las instalaciones solares que pueden funcionar de manera independiente, necesitan baterías para hacerlo, abastecer toda la potencia necesaria, tener reserva para días nublados y, en muchas ocasiones, disponer de una fuente o red eléctrica de apoyo para asegurar su disponibilidad o no elevar demasiado su coste. Según el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT) estas instalaciones, que no funcionan en paralelo con ninguna otra red sino que la substituyen, pueden ser aisladas o asistidas.

Las instalaciones fotovoltaicas interconectadas (para usar la terminología del REBT ITC-BT-40, son aquellas que trabajan en paralelo con otra red eléctrica, sin la cual no pueden funcionar. Estas instalaciones pueden tener los dos últimos objetivos descritos, ahorrar energía y/o vender electricidad.

Las instalaciones de venta a red sí que afectan directamente a la misma, pues utilizan sus infraestructuras para transportar la electricidad, por lo que, en cierta medida, sería lógico que las compañías distribuidoras reciban una parte de la tarifa de venta de la electricidad producida.

Otra cosa son las instalaciones que dispongan de vertido cero, gracias a dispositivos que regulen la producción y eviten que ningún kilovatio producido por la energía solar llegue a la red pública. Estos sistemas son solamente una herramienta para ahorrar energía, como si substituyéramos un termo eléctrico por una bomba de calor que tiene mucho más rendimiento para generar agua caliente sanitaria o cambiáramos nuestras bombillas incandescentes por LED.

Por eso, colocar un peaje de respaldo para la energía que se produce y consume en la misma instalación, donde ya hay un suministro donde se paga unos peajes por la llegada de la electricidad, y solo sirve para ahorrar energía nunca debe llevar ningún impuesto y confío en que así sea.